En Pasto, el sur de Colombia se transforma cada enero en un escenario de magia viva. El carnaval de negros y blancos no solo es una fiesta, es una identidad que camina, canta y baila por las calles. Aquí, la alegría se lleva en la sangre y el arte brota de las manos del pueblo. Las carrozas son gigantescos sueños andinos, y cada mascara, un espejo del alma.
En esta tierra no hay colores prohibidos, todos vales, todos brillan, todos unen.Desde la espuma hasta ritmos, todos vibran con un propósito, celebrar la vida, la diversidad y la herencia nariñense. Pasto no duerme, se enciende. Y quien lo vive, nunca vuelve igual.

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