El 2 de enero, Pasto entrega el carnaval a sus herederos más pequeños. El Carnavalito es la semilla viva de la tradición, un desfile lleno de colores, sonrisas y creatividad infantil. Las calles se llenan de carrozas en miniatura, comparsas diminutas y máscaras hechas con manos de niños que sueñan en grande.
Aquí, la alegría no tiene edad: los pequeños pastusos aprenden a amar su cultura jugando y celebrando. Es el futuro del Carnaval de Negros y Blancos, donde cada niño descubre que también puede ser artista, bailarín o creador. El Carnavalito es más que una fiesta, es la promesa de que la magia nunca se perderá.

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