El 6 de enero, Pasto amanece distinto. No es de tristeza, es emoción
contenida. Es un día donde las calles se convierten en un museo vivo, y
las carrozas deslumbran como gigantes de papel y alma, cada una es una
obra de arte andante, fruto del trabajo, la pasión y la creatividad del
pueblo.
Es el desfile Magno, el corazón vibrante del carnaval. Aquí todo se
eleva, el color la música y el orgullo. Las comparsas avanzan entre
aplausos, los artistas saludan como si pintaran el aire, y la gente, en
silencio o gritando, saben que es un momento sagrado.
Las imágenes no alcanzan a decirlo todo, pero lo intentan. Porque el 6
de enero no se explica, se vive con ojos abiertos y alma despierta.









No hay comentarios.:
Publicar un comentario